Se podría decir que la mayoría de los seres humanos vivimos en automático la mayor parte del tiempo. Nuestra mente por un lado y nuestro cuerpo por otro. Para poder tomar conciencia de lo que pasa en nuestro interior, así como en nuestro cuerpo y entorno, es imprescindible detenernos y prestar mucha atención.

 

ENTORNO – NATURALEZA

Vivimos en unos tiempos en los que la mayoría de las personas percibe a la naturaleza y entorno como algo separado de su ser y de su cuerpo. A esto se le conoce como “el abismo ontológico entre los seres humanos y la Naturaleza”1). Nada más lejos de la realidad. Los seres humanos no solo necesitamos a la Naturaleza para sobrevivir y sostenernos en el tiempo y espacio, sino que somos Naturaleza (como también somos Cultura2)). Basta recordar que nuestro cuerpo está compuesto por los cuatro elementos: tierra (carne), aire (oxígeno), fuego (impulsos eléctricos, sistema nervioso) y agua (principal componente del cuerpo humano).

 

En efecto, desde un punto de vista científico podemos afirmar que “todos los seres vivos contienen un ADN similar, formado a partir de las mismas unidades: los nucleótidos”. Este código genético mediante el cual se escriben las instrucciones celulares es común a todos los organismos3). O sea, que el código genético es universal. Esto lo explica el antropólogo canadiense Jeremy Narby de la siguiente manera:

La información genética necesaria para la elaboración de una rosa, una bacteria o un ser humano está codificada en un lenguaje universal de cuatro letras, A, G, C y T, que son los cuatro compuestos químicos que forman la doble hélice del ADN4).

 

Si bien “nuestro vehículo fisiológico está hecho de lo mismo que el resto del universo”5), hemos de tener en cuenta que esto no se percibe tan fácilmente puesto que la propia información genética contiene instrucciones que “determinan la forma y características de un organismo y sus funciones”6). A esta información le debemos que haya millones y millones de distintas especies en el planeta, incluida la humana, por supuesto.

 

En este sentido y considerando la infinidad de especies, colores, formas y sabores que existen, es normal que los seres vivos nos clasifiquemos de acuerdo a las características que nos distinguen (ej. Reinos vegetal, animal, minerales; animales humanos y no humanos; animales ovíparos y vivíparos, etc). Sin embargo, lo que se aleja de la realidad es que los seres humanos (influenciados por las apariencias), nos sigamos situando lejos de nuestro entorno habida cuenta de que somos naturaleza.

Detrás de la diversidad se encuentra la unidad7).

 

Esta barrera entre la especie humana y la naturaleza ha generado una gran crisis ecológica a escala planetaria que se inscribe en la Era que hoy se conoce como la Era del antropoceno; de hecho, algunos autores y autoras también se refieren a ella como la era del ecocidio y la del capitaloceno. Es evidente que no estaríamos viviendo las consecuencias de un cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y el agotamiento de los recursos naturales si nuestra visión de nosotros mismos con respecto la naturaleza y el mundo fuera otra muy distinta. Me refiero a una visión cercana y más apegada a la realidad y no a las apariencias (que están limitadas por nuestros sentidos). Y es que, como sabemos, nuestros sentidos también están limitados; por ejemplo, está claro que sin la ayuda de un microscopio no podríamos ver la composición de un átomo.

 

En definitiva, para reconciliarnos con el mundo habría que armonizar la visión que tenemos sobre él. Como afirma Naomi Klein, “Primero hay que amar las cosas, para luego poder protegerlas y defenderlas”8). Qué mejor manera de reconciliarnos con la naturaleza que con una visión que rompa con el concepto de ser humano aislado y autosuficiente. Adoptar una visión de este tipo es posible mediante un ejercicio de concientización y reconocimiento a nivel interno, corporal y externo. ¿Quién soy? ¿Cuáles son los lazos que permiten que mi cuerpo físico siga con vida? ¿Cuál es mi contexto relacional? ¿De que elementos se compone mi entorno? ¿De qué manera influyo en mi entorno? ¿Cómo influye el entorno en mí?

 

MENTE

Para empezar a tomar conciencia se aconseja observar (desde un punto de vista ajeno e imparcial) qué es lo que nuestra mente nos está diciendo, para lo cual es imprescindible la no identificación con el diálogo interno. Esto cobra relevancia cuando nos percatamos que los diálogos internos provienen muchas veces de programas (a veces ligados a emociones estancadas en nuestro ser). A saber, los programas son patrones de conducta que nos hacen reaccionar en automático sin siquiera plantearnos una respuesta pre-meditada o saber por qué hemos actuado así. Muchos de esos programas los hemos ejecutado durante largo tiempo hasta que estos se han instalado en nuestro día a día, pasando desapercibidos.

 

Ahora bien, la relación diálogo interno y emociones es una relación de retroalimentación mutua. Muchas veces creemos que somos el sentimiento/emoción que nos alberga y, en consecuencia, dejamos que ocupe y controle a la mente; o viceversa, creemos que únicamente somos nuestra mente, que desbocada podría desencadenar una serie de emociones. Por ejemplo, cuando nos sentimos muy tristes dedicamos gran parte del tiempo a pensar en la tristeza y en todo lo relacionado a ella, pero no somos la tristeza en sí. No somos únicamente las emociones que sentimos como tampoco somos únicamente la mente. Claro, la tristeza está allí y mientras esté forma parte de nuestro ser; así que tampoco se trata de ignorar la emoción que surge ya que por más que la ignoremos ésta no se esfumará, solo se manifestará de distintas maneras. Por eso, es importante trabajar con las emociones densas (también llamadas negativas), reconocerlas e identificar por qué y para qué están allí.

 

En mi caso he querido mejorar mi calidad de vida, para esto he empezado a ampliar mi mente creando espacios que eviten sea ocupada y controlada en su totalidad por el binomio diálogo interno/emociones negativas. Esto es posible dando cabida al observador imparcial. En efecto, el observador imparcial no juzga y no se identifica con la mente, no deja que la emoción ni el pensamiento dominen a la persona. De hecho, una herramienta eficaz para crear espacios en la mente y que ayuda a sosegar el diálogo interno descontrolado –al mismo tiempo que permite se instale el observador imparcial– es la meditación.

 

La meditación es una piedra angular para el desarrollo de nuestra conciencia. Contrariamente a lo que muchas personas piensan, meditar no es dejar la mente en blanco, sino que tiene que ver con estar alerta con lo que ocurre dentro y fuera en el momento PRESENTE. De hecho, la meditación requiere perseverancia y una fuerza de voluntad enorme. Pero, ¿En qué consiste meditar?

 

Meditar tiene que ver con observar cómo los pensamientos fluyen sin aferrarnos a ellos; observar de qué manera saltan entre el pasado y el futuro para luego dejarlos ir y así anclarnos en el PRESENTE (que es el único momento que existe y desde donde realmente podemos sembrar). Mediante la meditación podemos ir quitándonos capas y capas como si fuéramos una cebolla y, es que, cuántas más capas nos quitemos de encima, más nos acercaremos a nuestra verdadera esencia… a nuestro verdadero yo. Y, como afirma Emilio Carrillo, nuestro verdadero yo no juzga, ama. En palabras de Joe Dispenza:

«Uno de los principales propósitos de la meditación es cruzar la barrera de la mente analítica. Lo que separa la mente consciente del subconsciente es la mente analítica. Cuando las ondas cerebrales se relanzan, dejas atrás la mente consciente y el cerebro pensante y, cruzando la barrera d ella mente analítica, entras en el sistema operativo de la mente subconsciente, sede de los programas automáticos y los hábitos inconscientes».

 

Por último, meditar también guarda relación con dejar de reaccionar para empezar a responder desde la conciencia y desde nuestro ser interior. La diferencia entre una conducta u otra se explica de la siguiente manera:

Reaccionar en automático es algo que viene dictado por los reflejos, las costumbres y los acondicionamientos y no propone elección. Responder, en cambio, es una acción deliberada y elegida. Practicar la meditación conlleva a liberarse poco a poco de las reacciones y optar por las respuestas9).

 

En efecto, la reacción ocurre en automático casi sin darnos cuenta. De hecho, cuando hemos reaccionado durante largo tiempo, de la misma manera y sin cuestionamientos internos, la mente se abandona al cuerpo y éste empieza a tomar el control. Como señala Joe Dispenza “mucha gente existe en un estado en el que el cuerpo se ha <<convertido>> en la mente, cuando se rigen sólo por el cuerpo y lo que éste siente”10). El cuerpo ha aprendido a vivir y reaccionar desde los hábitos aprendidos. Por eso, la toma de conciencia pasa necesariamente por empezar a conectar no solo con nuestra mente, sino también con nuestro cuerpo, esto con el fin de empezar a percibirlo y a identificar sus reacciones/emociones ante determinadas circunstancias externas. Veamos.

 

CUERPO

¿Qué es lo que mi cuerpo quiere expresar? ¿Ante qué circunstancias mi cuerpo reacciona en automático? Acaso ¿se ha independizado de mi propia mente y ahora ha tomado el control de mis decisiones?

 

En mi caso, fue a través de las técnicas del Dr. Antonio Videl –miembro de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés– que me di cuenta que no era consciente de mi cuerpo y que, por el contrario, lo ignoraba. Y es que, es muy fácil acostumbrarnos a que el cuerpo adopte determinadas posturas que luego pasan desapercibidas. Posturas que se instalan en nuestro día a día, pero que, sin embargo, están para decirnos algo. Por ejemplo, una persona temerosa e insegura, lo más probable es que camine erguida; una persona con altos niveles de estrés lo más probable es que tense muchos de sus órganos hasta incluso hacerse daño.

 

Nuestro cuerpo es el receptor de los “bienestares” y “malestares”11), al mismo tiempo que funciona como un almacén de memorias corporales que aguardan allí para ser descifradas. Por eso, se recomienda:

  • Observar y escuchar a nuestro cuerpo.
  • Tratarlo con amor y respeto.
  • Preguntarnos: ¿cuánto sabemos sobre él?
  • Cuestionar sus reacciones automáticas
  • Observar las emociones que surgen de él

 

De hecho, la meditación, el silencio y la observación también nos ayudarán a explorar esta parte del cuerpo a la que apenas hacemos caso: el interior. ¿Quién sabe?, a lo mejor descubrimos otras partes que no se perciben fácilmente.

“Si te vuelves más consciente, estarás más atento. Y si estás más atento, serás más consciente. Si te vuelves más consciente, advertirás más cosas. Y si adviertes más cosas, aumentará tu capacidad de observarte a ti mismo y a los demás, de observar tanto los elementos internos como externos de tu realidad” 12).

 

En definitiva, la toma de conciencia de nuestro entorno, mente y cuerpo sirve para que nos auto-reconozcamos como seres conscientes pertenecientes a una red vital interrelacional.

 

Ser consciente de cuán consciente soy. Sin este ejercicio no sería posible derribar los muros internos ni externos que nos separan de nuestro verdadero yo y del resto de los seres sintientes; tampoco sería posible reconciliarnos con la naturaleza a la que tanto nos hemos aferrado a degradar y esquilmar. Se trata de equilibrar nuestro yo siendo cada día más conscientes, al mismo tiempo que abandonamos los automatismos y nos liberamos de emociones densas.

Notas bibliográficas   [ + ]

1. El filósofo Julián MARÍAS, en el capítulo “La aparición del hombre” trata dos aspectos interrelacionados a los que les denomina “evidencias”, estas son “la continuidad biológica entre al animal y el hombre, y el abismo ontológico que irreductiblemente los separa. Julián MARÍAS, Antropología metafísica, Madrid, Alianza, 1983, pp.65 y 215.
2. Alicia PULEO, Claves ecofeministas: Para rebeldes que aman a la Tierra y a los animales, Plaza y Váldez, Madrid, 2019, p.32.
3. CHILE BIO, “El ADN, los genes y el código genético”, Biotecnología para una agricultura sostenible, Disponible en: https://www.chilebio.cl/el-adn-los-genes-y-el-codigo-genetico/ 
4. Jeremy NARBY, La Serpiente Cósmica: El ADN y los orígenes del saber, 2da ed., Apus Graph Ediciones, Lima, 2012, p.75.
5. Joe DISPENZA, Deja de ser tú, 1ª Ed., Ediciones Urano S.A., Barcelona, 2012, p. 55.
6. CHILE BIO, “El ADN, los genes y el código genético”, Biotecnología para una agricultura sostenible, Disponible en: https://www.chilebio.cl/el-adn-los-genes-y-el-codigo-genetico/
7. Frase recurrente de Emilio Carrillo
8. NAOMI KLEIN, Decir No No basta: contra las nuevas políticas del shock por el mundo que queremos, Editorial Paidós, Barcelona, 2017, p. 84.
9. Aplicación Petit Bambou.
10. Joe DISPENZA, Deja de ser tú, op.cit., p.45.
11. En palabras de la ecofeminista española Yayo Herrero.
12. Joe DISPENZA, Deja de ser tú, op.cit., p.142.