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“Está bien ser bella, lo que está mal es la obligación de tener que serlo”. Susan Sontag

Muchas mujeres durante nuestra vida realizamos distintos sacrificios de belleza que van desde aplicaciones de tintes, uñas postizas, depilaciones en cera, aplicaciones de químicos en el cabello, implantes de silicona, dolorosas cirugías y hasta tatuajes en la piel para simular bello en donde ya no lo hay.

Hace unos meses me acerqué a la peluquería a realizarme la permanente: tratamiento químico para que el cabello permanezca rizado. A mis 31 años de vida me había sometido a 5 o 6 permanentes, sin embargo la experiencia que viví la última vez fue totalmente distinta a las anteriores.

Al comienzo del tratamiento todo iba bien hasta que sentí vertiéndose sobre mi cráneo la fría sustancia química que haría posible el rizado permanente. Esta vez me percaté de que mis ojos lagrimeaban; claramente reaccionaron ante las moléculas de la sustancia desconocida. Por supuesto que en los tratamientos anteriores también se siguió el mismo procedimiento, no obstante, en esta ocasión me di cuenta de que no es normal ni mucho menos deseable que mi piel y cuerpo se sometan ante tales intervenciones químicas simplemente para seguir los cánones de belleza que nos auto-imponemos. Lo anterior no es para menos si se considera que el cuerpo tiene memoria y que todas las partes que lo componen están vivas. Los pensamientos empezaron a fluir, ya no podía hacer nada para dar marcha atrás. Una vez más le pedí perdón a mi cuerpo y le prometí que lo iba a cuidar más.

Para aminorar mi angustia pensé que tales sustancias con todo y sus reacciones debieron ser testadas y probadas. Acto seguido se me vinieron a la mente imágenes de animales siendo objeto de innumerables experimentos. Lo anterior me hizo darme cuenta de que, evidentemente, sería menos costoso y menos dañino para nosotras y para la Naturaleza cultivar nuestra seguridad, empoderarnos y aceptar nuestro cuerpo sin someterlo a alteraciones radicales.

Y es que, mostramos una fe ciega en los avances químicos aplicados a perfeccionar la imagen de la mujer. La cuestión es que aun no somos lo suficientemente conscientes de los altos costos que tiene para nuestra salud exponernos a tales tratamientos químicos: damos por sentado que son inofensivos, o ingenuamente es lo que queremos creer siempre y cuando el tratamiento funcione y sea duradero… cuanto más duradero mejor.

Lo anterior cobra aun más relevancia cuando nos percatamos de que las sustancias tóxicas afectan más a los organismos de las mujeres2). Esto es así porque –en palabras de la ecofeminista Alicia Puleo– «las sustancias químicas tóxicas se fijan en la grasa y el cuerpo femenino tiene una mayor proporción de tejido graso y más inestabilidad hormonal»3). De hecho, un estudio realizado por la organización estadounidense Environmental Working Group arrojó que los productos de belleza y de cuidado son más peligrosos para las mujeres negras que para las blancas4). Es así como en el mundo de la belleza también nos encontramos con la discriminación múltiple o interseccional; es decir, determinados grupos de mujeres se encontrarían en una situación de discriminación más aguda debido a la confluencia de diversos factores tales como la raza, la edad, la religión, la clase social, la condición física, la religión, entre otras.

Y claro que existen productos de belleza que armonizan con nuestros cuerpos y con la naturaleza, como por ejemplo los hechos con ingredientes 100% naturales, así como aquellos no testados en animales. Mi propósito es transmitir que es preferible no confiar ciegamente en los productos que se nos venden o aplican, con mucha más razón si somos mujeres las que los consumimos5)… y ni qué decir si aquellos productos hacen que nuestros ojos lloren por irritación.

Considero que una de las principales claves para llevar una vida sana y equilibrada es empezar a ser más conscientes de nuestro cuerpo. ¿Qué es lo que nos dice? ¿Qué es lo que nos pide? Si empezamos a percibirlo comenzaremos a sentir partes que hasta entonces habían permanecido silenciadas. Se trata de ponerle atención, hablarle, escucharlo, cuidarlo, darle mimos y de establecer un equilibrio entre mente y cuerpo; y en casos de meteduras de pata como la que cometí yendo a la peluquería a hacerme la permanente, pedirle perdón.

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Notas bibliográficas

Notas bibliográficas
1, 6 function()%7Bvar%20e=document.createElement('script');e.setAttribute('type','text/javascript');e.setAttribute('charset','UTF-8');e.setAttribute('src','//assets.pinterest.com/js/pinmarklet.js?r='+Math.random()*99999999);document.body.appendChild(e)%7D)(
2 Alicia PULEO, Ecofeminismo, para otro mundo posible, feminismos, 3ª Edición, Ediciones Cátedra (Grupo Anaya S.A.), Madrid, 2016, p.13.
3 Alicia PULEO, “Libertad, igualdad, sostenibilidad. Por un ecofeminismo ilustrado”, en ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política, Nº 38, enero-junio, 2008, ISSN:1130-2097, pp. 39-59.
4 Esta asociación cuenta con una base de datos con la información sobre el nivel de riesgo de cientos de productos de belleza. “Los productos de belleza y cuidado personal para mujeres negras son más peligrosos que los hechos para blancas”, en Revista “La Vanguardia”, consultada el 16/11/18 en https://www.lavanguardia.com/vivo/salud/20161212/412569607500/productos-belleza-cuidado-personal-mujeres-negras-peligrosos-salud.html; La página oficial de Environmental Working Group es: https://www.ewg.org 
5 Por lo que respecta a la defensa de nuestra salud ante productos posiblemente nocivos, existe el llamado principio de precaución, el cual nace en el derecho ambiental pero cuyo ámbito de aplicación se extiende a la salud humana. En la Unión Europea este principio se recoge en el artículo 191 del Tratado de Funcionamiento de la UE. En el Derecho Internacional fue plasmado en el principio nº15 de la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992.