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El feminismo es una teoría crítica, un movimiento social y una forma de ver y vivir la vida, como bien menciona Ana de Miguel 1). Pero ¿qué es concretamente? De acuerdo a Nuria Varela «es una teoría y práctica política articulada por mujeres que tras analizar la realidad en la que viven toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón de ser mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para cambiar la sociedad» 2). Se trata de una toma de conciencia que se equipara a ponerse unas gafas color violeta o, incluso, a realizarse una operación de cataratas 3).

El feminismo surge durante la Modernidad en Occidente «a la par con las grandes transformaciones materiales e ideológicas que trajeron la Revolución Francesa y la Revolución Industrial» 4). Ciertamente, a lo largo de la historia han existido «conatos de feminismo», es decir, casos en los que ya se había alertado de la situación desigualitaria de las mujeres pero en los que, sin embargo, no se cuestionan las raíces estructurales de la subordinación femenina 5).

En palabras de Ana de Miguel siguiendo el pensamiento de Celia Amorós, la Revolución Francesa es el «primer momento histórico en que las mujeres se articulan, tanto en la teoría como en la práctica, como un grupo social oprimido con características e intereses propios, es decir, como un movimiento social» 6).

Si bien el feminismo surge en el siglo de las Luces, una época que vio nacer los principios de igualdad y libertad como valores proclamados universales, esto no conllevó a que las mujeres fueran titulares de derechos y libertades. Efectivamente, los primeros derechos humanos solo los gozaron unos cuantos, en concreto, aquellas personas que encajaban con ciertos rasgos y características que, en su conjunto, definían la condición humana 7) (al menos para algunos cuantos).

La cuestión es que los titulares de derechos –personas que reunía los requisitos exigidos por el primer modelo de derechos humanos– coincidían «en el imaginario colectivo con el hombre, burgués, blanco, heterosexual, económicamente independiente, y podríamos añadir, física y socialmente independiente» 8). Algunas de estas características no corresponden con la realidad puesto que los seres humanos no somos del todo independientes ni autosuficientes, sino que, de manera ineludible, somos seres interdependientes y ecodependientes 9). Estos últimos rasgos sí son inherentes a la naturaleza humana: dependemos de otros seres humanos así como de la Naturaleza para vivir y sostenernos en el tiempo y espacio.

Ahora bien, dentro de los albores del feminismo cabe destacar que –dos años después de que se aprobara la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano en 1789 por parte de la Asamblea Nacional Constituyente francesa– la filósofa Olympe de Gouges publica la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana 10). Aunque su articulado no es recogido por el derecho positivo, este manifiesto constituye un referente en las posteriores reivindicaciones por la igualdad entre mujeres y hombres 11).

En concreto, «Gouges reclamó un trato igualitario de la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos de la vida, públicos y privados: el derecho de voto, de ejercer cargos públicos, de hablar en público sobre asuntos políticos, de igualdad de honores públicos, de derecho a la propiedad privada, de participar en el ejército y en la educación e, incluso, de igual poder en la familia y en la iglesia» 12).

El audaz y pertinente esfuerzo de Olympe de Gouges por denunciar la desigualdad de las mujeres y exigir que éstas fueran provistas de dignidad y, por tanto, de derechos y libertades, no fue el único de la época. En 1792, al calor de la Revolución Francesa, Mary Wollstonecraft publica <<Vindicación de los derechos de la mujer>>, considerada como <<la obra fundacional del feminismo>> 13), y en la cual se «aboga por el igualitarismo entre los sexos, la independencia económica y la necesidad de participación política y representación parlamentaria» 14). Pues bien, tanto la Declaración de Gouges como la espléndida obra filosófica de Wollstonecraft –junto con otras tantas voces y escritos de mujeres 15) que reclamaron derechos, reconocimientos y participación en el proyecto ilustrado– se sitúan en lo que se denomina la primera ola del feminismo.

Desde entonces el feminismo ha reclamado en la esfera pública las igualdades, libertades y reconocimientos de las mujeres para, posteriormente, hacerlo también en el ámbito privado (que es donde encontramos lo doméstico). Es en torno a la esfera privada que se articula la tercera ola, no sin antes reclamar el derecho al voto femenino en la llamada la segunda ola.

La segunda ola del feminismo comenzó en la primera mitad del siglo XIX en los Estados Unidos. A saber, varios acontecimientos impulsaron el movimiento feminista estadounidense 16). Uno fue la creciente presencia de mujeres en escuelas. Otro, su interés en cuestiones sociales y políticas como consecuencia de unas políticas protestantes flexibles que contribuyeron a que se desarrollara una educada clase media de mujeres 17). También tuvo que ver su participación en la lucha para abolir la esclavitud, dentro de la cual tuvo lugar el primer Congreso antiesclavista femenino (1837) 18). Y, por último, la humillación que sintió un grupo de mujeres al ser rechazadas para participar en el Congreso Antiesclavista Mundial en Londres en 1840.

A saber, entre el grupo de mujeres que asistió al Congreso Antiesclavista Mundial se encontraban Lucretia Mott y Elizabeth Cady Shanton. Es la segunda quien –ocho años después, de la mano de Mott y otras abolicionistas– convoca a la primera Convención sobre los derechos de la mujer. Esta Convención arroja como resultado la “Declaración de Sentimientos” (1848), también conocida como la Declaración Seneca Falls. Mediante este documento –inspirado en los principios recogidos en la Declaración de Independencia de los EUA– se denuncian principalmente «las restricciones, sobre todo políticas, a las que estaban sometidas las mujeres: no poder votar, ni presentarse a elecciones, ni ocupar cargos públicos, ni afiliarse a organizaciones políticas o asistir a reuniones políticas» 19).

No obstante, la Declaración Seneca Falls nace en un escenario jurídico y político con fuertes restricciones civiles, políticas y económicas para las mujeres. Por lo que respecta a las políticas, las mujeres todavía no podían votar «ni presentarse a elecciones, ni ocupar cargos públicos, ni afiliarse a organizaciones políticas o asistir a reuniones políticas» 20). De hecho, no sin antes haberlo luchado, Wyoming sería el primer estado en otorgar el derecho al voto de las mujeres en 1869 –tres años después de que se concediera el voto a los esclavos varones liberados mediante la XIII Enmienda a la Constitución de los EUA 21). No sería sino hasta 1920 cuando el sufragio femenino se extendería por todo el país a través de la XIX Enmienda.

A nivel global, el primer país en declarar el sufragio femenino fue Nueva Zelanda (1893), seguido de Australia (1902). En Europa los países pioneros fueron: Finlandia (1906), Noruega (1913), Dinamarca e Islandia (1915). Asimismo, es importante señalar que cuando se concede el voto a las mujeres en Inglaterra en 1918, solo pueden votar aquellas mayores de 30 años. Curiosamente, en el caso de Inglaterra, el Parlamento inglés «niega el voto a las mujeres en 1867 y casi simultáneamente propone ampliar la reglamentación de la prostitución de mujeres y niñas en las calles y los burdeles» 22). Por lo que toca al continente americano, el derecho al sufragio comienza con los Estados Unidos (1929), al que le secunda Uruguay (1932), [aunque las uruguayas no votan hasta 1938]; posteriormente, Cuba otorga este derecho (1934) 23) que luego se extiende al el resto de los países americanos.

En la segunda ola no solo se reivindicó el derecho al voto, a la igualdad y a la educación. Algunas feministas, como la marxista Alejandra Kollontai y la anarquista Emma Goldman denunciaron viejos prejuicios, costumbres y tradiciones imperantes en los espacios privados y en las cotidianeidades. En concreto, sus peticiones versaban sobre cuestiones relacionadas con el matrimonio, el amor, las relaciones sexuales, la independencia, la procreación, el aborto, los anticonceptivos, el trabajo doméstico y de cuidados, entre otras. Aunque en principio dichas peticiones fueron ignoradas y en muchas ocasiones objeto de burla, todas ellas volverían a ser retomadas en la tercera ola 24).

Después de que la segunda ola concluyera y antes del inicio de la tercera ola, la filósofa francesa Simone de Beauvoir presenta a mediados del siglo XX el famoso ensayo titulado <<El segundo sexo>> (1949). En él se explica detalladamente la condición de ser mujer y la diferencia de llegar a serlo. La frase <<No se nace mujer, se llega a serlo>>, con todo lo que significa, marcaría un hito en la manera de comprender la construcciones de los roles socio-culturales performados por mujeres.

 

Notas bibliográficas

1 Ana DE MIGUEL, Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección, 9ª ed., Cátedra, Madrid, 2017, pp.28 y ss.
2 Nuria VARELA, Feminismo para principiantes, Ediciones B, S.A., Barcelona, 2008, p.10.
3 Ibídem, p.13.
4 Ana DE MIGUEL, Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección, op.cit. p.29.
5 Un buen ejemplo de ello, son los escritos de la poeta Christine de Pizan (S. XIV y XV), dentro de los cuales destaca el libro “La ciudad de las damas”, en el que la autora reflexiona sobre los malos tratos hacia las mujeres. A saber, en la época de Pizan aun no nacía el feminismo puesto que no se cuestiona el origen de la subordinación femenina. En Nuria VARELA, Feminismo para principiantes, op.cit., p.18.
6 Ana DE MIGUEL, Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección, op.cit. p. 218.
7 Para profundizar en este tema recomiendo leer María del Carmen BARRANCO, Condición humana y derechos humanos: algunas claves filosóficas para un modelo contemporáneo de derechos, Dykinson, Madrid, 2016.
8 María del Carmen BARRANCO, Diversidad de situaciones y universalidad de los derechos, Dykinson, Madrid, 2011, p.11.
9 Esto es lo que nos vendría a recordar los ecofeminismos y las teorías de los cuidados dos siglos después.
10 La Declaración puede consultarse en la siguiente página web: http://clio.rediris.es/n31/derechosmujer.pdf
11 Recordemos la primera parte del artículo I de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana: “La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”.
12 Red Feminista de Derecho Constitucional, “Sobre la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana en el desarrollo histórico de los derechos fundamentales (1791, Olimpia de Gouges)”, RFCD. Para más información consultar la siguiente página web: http://feministasconstitucional.org/portfolio-items/sobre-la-declaracion-de-los-derechos-de-la-mujer-y-de-la-ciudadana/
13 Nuria VARELA, Feminismo para principiantes, op.cit, p.17. Para más información sobre la obra de Mary Wallstonecraft consultar la siguiente página web: http://www.nocierreslosojos.com/vindicacion-derechos-mujer-mary-wollstonecraft/ 
14 Ídem, p.28.
15 Un claro ejemplo de varios escritos en los que participaron mujeres, es el de los Cuadernos de quejas, los cuales, fueron unos documentos dirigidos a los Estados Generales (la cual luego pasaría a ser la Asamblea General), y mediante los cuales mujeres vuelcan sus descontentos y reclamaciones, entre las que encontramos su exclusión de la Asamblea General. Ibídem, p.23.
16 Ídem.
17 En Nuria VARELA, Feminismo para principiantes, op.cit., p.36.
18 Alicia MIYARES, “1848: el Manifiesto de “Seneca Falls” (Análisis y referencias históricas del movimiento”, en Mujeres en Red, El Periódico Feminista, 1999. Texto completo en: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2259
19 Alicia MIYARES, “1848: el Manifiesto de “Seneca Falls” (Análisis y referencias históricas del movimiento”, en Mujeres en Red, El Periódico Feminista, 1999. Texto completo en: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2259 
20 Nuria VARELA parafraseando a Alicia Miyares. En Ibídem, p.38.
21 Ibídem, p.39.
22 Ana DE MIGUEL, Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección, op.cit. pp. 157 y 158.
23 La Red 21, “Países con sufragio femenino (por fecha de aprobación), La Red 21, 28/06/2099. Artículo completo en: http://www.lr21.com.uy/mujeres/371172-paises-con-sufragio-femenino-por-fecha-de-aprobacion 
24 En Nuria VARELA, Feminismo para principiantes, op.cit., pp.57-65.