Seleccionar página

Quien no se mueve, no siente las cadenas” Rosa Luxemburgo

Por neoliberalismo se entiende «una razón-mundo, cuya característica es extender e imponer la lógica del capital a todas las relaciones sociales, hasta hacer de ella la forma misma de nuestras vidas»1). Desde finales del siglo pasado, el neoliberalismo económico se ha ido instalando en sociedades históricamente desiguales; al mismo tiempo –tal y como defiende Ana de Miguel– este sistema económico «encuentra en la desigualdad de género y en el neoliberalismo sexual una importante fuente de legitimación del núcleo de su discurso: todo tiene un precio todo se puede comprar y vender»2). Lo importante, parece ser, es que haya consentimiento sin importar lo que hay detrás o alrededor de él.

 

La cuestión es que hemos asumido que vivimos en sociedades igualitarias por el hecho de que los principales instrumentos jurídicos (de muchos países) recogen el principio de la igualdad como un derecho fundamental y como un valor a perseguir. La igualdad formal no necesariamente se traduce en una igualdad real y efectiva. En los llamados «patriarcados basados en el consentimiento»3), la desigualdad sexual opera y se reproduce en sociedades formalmente igualitarias bajo el manto del consentimiento. De hecho, «la socialización diferencial encubierta, las arraigadas prácticas discriminatorias en el mercado laboral y la difusión de poderosos mitos patriarcales a través de los medios de comunicación»4) son ejemplos que muestran algunas de las distintas formas de cómo se alimenta la desigualdad sexual.

 

Pues bien, el libro «neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección» analiza lo que hay detrás de la “libre elección” de las mujeres cuando tales elecciones nos llevan, ya no a liberarnos, sino a seguir reproduciendo la desigualdad. Así, Ana de Miguel se enfoca en los «mecanismos estructurales e ideológicos que condicionan las elecciones de las personas según el sexo de nacimiento»5).

 

A saber, la investigación se realiza desde el feminismo de la igualdad y se divide en tres bloques: 1) Dónde estamos: desigualdad y consentimiento; 2) De dónde venimos y cómo lo hemos hecho; y, 3) Hacia dónde queremos ir: mujeres y hombres juntos.

 

En efecto, para alcanzar una sociedad formal y materialmente igualitaria es necesario –en un primer momento– tomar conciencia de la existencia, la complejidad y los mecanismos de reproducción de la desigualdad. No podemos cambiar lo que no podemos percibir. Inclusive, para muchas mujeres ha sido difícil percibir esta opresión y desigualdad estructurales… aún lo sigue siendo. Es por ello que considero a «neoliberalismo sexual» como una lectura imprescindible pues nos guía hasta esa toma de conciencia tan necesaria en un mundo neoliberal y globalizado que –como sabemos– se trata de un escenario en el que asistimos a la feminización de la pobreza y al creciente aumento de violencia hacia las mujeres por el hecho de ser mujeres, en fin, un mundo en el que las personas prostituidas son mujeres en una mayoría alarmante. Seamos conscientes de los hilos que el neoliberalismo sexual ha tejido y que obstaculizan la verdadera autonomía y libertad de las mujeres.

Notas bibliográficas   [ + ]

1. Christian LAVAL & Pierre DARDOT, La pesadilla que no acaba nunca: el neoliberalismo contra la democracia, Editorial Gedisa, Barcelona 2017.
2. Ana DE MIGUEL, Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección, 9ª ed., Cátedra, Madrid, 2017, pp. 9-10.
3. Término que emplea Alicia PULEO y que es citado por Ana de MIGUEL en Ibídem, p.214.
4. En palabras de Alicia Puleo en Ana de MIGUEL, Neoliberalismo sexual: El mito de la libre elección, op.cit., p.214.
5. Ibídem, pp. 9-10.