La historia no siempre hace justicia y a veces carece de memoria. Durante largo tiempo Alexander Von Humboldt fue uno de los grandes olvidados. Lo olvidó una historia atravesada por las dos guerras mundiales del siglo XX que, como sabemos, dejaron “una sombra muy alargada”. El recuerdo de Humboldt se disipó en un escenario donde “ni Gran Bretaña ni Estados Unidos eran ya lugares en los que ensalzar a una gran mente alemana”1). Más aún, la visión integral e interdisciplinaria que Humboldt tenía del mundo, se enfrentó a “una época en la que las disciplinas científicas estaban consolidándose en campos estrictamente separados y especializados”2).

 

Aún y todo, las aportaciones científicas de Humboldt y su concepción de la naturaleza como una gran red vital interrelacionada influyeron enormemente en las ciencias naturales, y en la actualidad son más relevantes que nunca. Hoy, gracias al detallado libro biográfico «La invención de la Naturaleza» escrito por Andrea Wulf –historiadora y escritora–, podemos conocer más cerca a este personaje de la Europa de la Ilustración.

 

Alexander Von Humboldt “fue el primer científico que habló del nocivo cambio climático provocado por el ser humano” al ser testigo de “las devastadoras consecuencias medioambientales de las plantaciones coloniales»3) en la Venezuela de 1800. De ahí que sea considerado como el padre del movimiento ecologista. También, fue un arduo crítico del colonialismo y la esclavitud: “en su opinión, la política y la economía de un gobierno colonial estaban basados en «la inmoralidad»4).

 

En «Ensayo político sobre el reino de la Nueva España» el científico alemán vinculó el colonialismo con la destrucción del entorno natural y criticó tanto los malos tratos a los pueblos indígenas por parte del régimen colonial español, como los horrores de la esclavitud5). Además, Humboldt, entendía que la naturaleza “podía servir de modelo para la verdad política y moral”6) en tanto que la concebía como el terreno de la libertad, cuyo equilibrio se basaba en la diversidad. Y es que, su esencia polímata lo llevo a comprender el mundo desde un enfoque interdisciplinario.

“Todo, desde el musgo o el insecto más humilde hasta los elefantes o los robles gigantescos, tenía su función, y juntos formaban la totalidad. La humanidad no era más que una pequeña parte”7).

 

El Romanticismo, el Idealismo y la filosofía kantiana influyeron en Humboldt de tal manera que sus investigaciones científicas no solo bebieron de datos y métodos científicos rigurosos sino, también, de su percepción individual y subjetiva, lo cual incluía la introspección, la imaginación y los sentimientos8). Al respecto, Goethe –íntimo amigo de Humboldt y uno de los máximos exponentes del romanticismo– escribió: “La naturaleza debe experimentarse a través del sentimiento”9). Por su parte, Schelling mediante su filosofía de la naturaleza –“base teórica del Idealismo y el Romanticismo alemanes”10)– sugería que había que entender a la naturaleza como un organismo vivo11) con el que el ser humano compartía un vínculo orgánico. De igual manera, Blumenbach “declaraba que toda la materia viva era un organismo de fuerzas interconectadas»12). De hecho, Humboldt –al incorporar a su visión la filosofía natural de Schelling– abrió la puerta a la subjetividad. A su entender, esto no se contraponía con el pensamiento de la Ilustración ni con el método racional sino, al contrario, ambos se complementaban: el rigor y la ambición científica se podían conjugar con la mirada poética13).

 

Fue así que se empezó a formular “una nueva comprensión de la naturaleza basada en observaciones científicas e implicación emocional”14), pero también en unidad e interrelacionalidad. Esta concepción puso en jaque al mecanicismo de Descartes, el cual había predominado durante los dos siglos anteriores (XVII y parte del XVIII). A saber, el mecanicismo concebía a la naturaleza como una gran máquina carente de vida. Esta visión de una naturaleza inerte llevó a muchas personas (incluido Humboldt) a plantearse si detrás de los organismos vivos existía una fuerza vital. Para el naturalista alemán fue de suma importancia deshacer lo que él mismo denominó el “nudo gordiano de los procesos vitales”15).

 

Pues bien, al finalizar su excursión de cinco años por Latinoamérica, Humboldt presentó al mundo varias obras, entre ellas, el Ensayo sobre la geografía de las plantas, que incluía el Naturgemälde –la ilustración “de una naturaleza compuesta de conexiones y unidad”16)–. De acuerdo a Andrea Wulf, “el Ensayo reveló una red de vida antes invisible”17). Con posterioridad, en la obra «cosmos» de 1845, Humboldt describiría al planeta como “un conjunto natural animado y movido por fuerzas internas”18).

 

Para el científico alemán, la fuerza vital no solo se encontraba detrás de todos los organismos sino que, además, esta única vida se derramaba en todo: “sobre las piedras, las plantas, los animales y los seres humanos19); había “unidad en la variedad”20).

 

En este punto es importante aclarar que, con anterioridad, muchos de los pueblos originarios ya entendían a la naturaleza como un entramado de vida complejo y a la vez unido. Podría decirse que Humboldt –con base en sus conocimientos, investigaciones, experimentos y expediciones, todo ello aunado a su percepción individual y subjetiva del mundo– fue el primero en presentar a la comunidad científica europea esta nueva forma de entender la naturaleza.

 

La cosmovisión humboldtiana fue aplaudida y adoptada por la comunidad científica. De hecho, Charles Darwin –admirador de las ideas del naturalista alemán– llevó el entramado de vida de Humboldt un paso más allá para “convertirlo en un árbol de la vida del que proceden todos los organismos, con ramas que conducen a las especies extintas y nuevas”21). Humboldt, también fue fuente de inspiración para Henry David Thoreau –escritor, poeta y filósofo–, quien en su obra «Walden» armonizó las ciencias naturales con la poesía. Del mismo modo, George Perkins Marsh –diplomático y filólogo estadounidense considerado el primer ecologista de los Estados Unidos– siguió el pensamiento humboldtiano. En concreto, Perkins, se basó en las ideas de Humboldt acerca de los estrechos vínculos entre el mundo natural y la “historia política y moral de la humanidad”22), y en la segunda mitad del siglo XIX escribió «Man and Nature»: obra científica a través de la cual evidenció las conexiones entre el “progreso” y la destrucción del entorno natural.

 

Sin duda, el legado de Humboldt ha marcado un hito en la manera de entender la naturaleza. No obstante, la mayoría de los seres humanos seguimos relacionándonos con ella como si de una máquina inerte se tratara (o sea, tal y como se le concebía un siglo atrás):  una maquinaria de cuyas partes creemos que podemos prescindir. Fue en la América colonial en donde este científico visionario se hizo consciente de las múltiples formas en las que el ser humano puede destruir la naturaleza. Al respecto, en su libro «Personal Narratives» Alexander escribió:

Cuando los bosques se destruyen, como han hecho los cultivadores europeos en toda América, con una precipitación imprudente, los manantiales se secan por completo o se vuelven menos abundantes. Los lechos de los ríos, que permanecen secos durante parte del año, se convierten en torrentes cada vez que cae fuertes lluvias en las cumbres. La hierba y el musgo desaparecen de las laderas de las montañas con la maleza, y entonces el agua de lluvia ya no encuentra ningún obstáculo en su camino: y en vez de aumentar poco a poco el nivel de los ríos mediante filtraciones graduales, durante las lluvias abundantes forma surcos en las laderas, arrastra la tierra suelta y forma esas inundaciones repentinas que destruyen el país23).

 

Por último, quiero mencionar que en Latinoamérica, ya no son los cultivadores europeos quienes están esquilmando la naturaleza; somos los latinoamericanos quienes lo hacemos de propia mano de manera indirecta; esto ocurre cuando permitimos la entrada a las extractivas extranjeras y multinacionales bajo la lógica de entregar la riqueza natural de todos y de ninguno a cambio de una riqueza monetaria que termina concentrada en unas cuantas manos.

 

Como bien dijo Eduardo Galeano, “nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros”24). En el camino nos hemos olvidado de que lo valioso no tiene precio y de que los bienes comunes no se pueden enajenar (si es que nos tomamos en serio el concepto de JUSTICIA ECOSOCIAL).

 

Han pasado más de 200 años desde que Humboldt advirtiera del deterioro ambiental a causa de actividades humanas como el monocultivo, la deforestación, la irrigación descontrolada y “las grandes masas de vapor y gas producidas en los centros industriales”25); y, sin embargo, la cuestión no ha ido sino a peor. Por eso, hoy más que nunca es necesario entender a la naturaleza tal y como Humboldt nos la presentó: como un maravilloso entramado de vida del cual formamos parte; un sistema perfectamente equilibrado.

 

Cuidemos a la naturaleza que la naturaleza cuida de nosotros, o como Henry David Thoreau afirmó: “en la naturaleza está la conservación del mundo”26).  Aunque, claro, muchas de las personas no queremos conservar a la naturaleza solo para conservar nuestra especie, sino por amor a la naturaleza, o sea, a la vida.

Notas bibliográficas   [ + ]

1. Andrea WULF, La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt, trad. María Luisa Rodríguez Tapia, Ed. Taurus, Madrid, 2016, p.410.
2. Ibídem, p.409
3. Ibídem, p.28.
4. Ibídem, p.140
5. Ibídem, p.257
6. Ibídem, p.146.
7. En palabras de Andrea WULF parafraseando el pensamiento de Humboldt. Ibídem, p.146.
8. Ibídem, pp. 61 y 62.
9. Ibídem, p.62.
10. Ibídem, p.170
11. Ibídem, p.171.
12. Ibídem, p.169.
13. Eduardo LAPORTE, “Humboldt, el naturalista que fascinó a Darwin”, en Historia y Vida, 06/05/2019. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/el-viaje-de-humboldt-a-latinoamerica_13274_102.html 
14. Andrea WULF, La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt, op. cit., p. 83
15. Ibídem, p.47.
16. Ibídem, p 167.
17. Ibídem, p 170.
18. Ibídem, p 31.
19. Ibídem, p 123.
20. Alexander VON HUMBOLDT, Cosmos, 1845-1852, vol. 1, p.48; Alexander VON HUMBOLDT, Kosmos, 1845-1850, vol.1. p.55, traducción de la autora (<<Einheit in der Vielheit>>). Obtenido en Andrea WULF, La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt, op.cit., p.124.
21. Andrea WULF, La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt, op. cit., p. 290.
22. Ibídem, p. 352.
23. Alexander VON HUMBOLDT, Personal Narrative, 1814-1829, vol. 4, pp. 143-144.
24. Eduardo GALEANO, Las venas abiertas de América Latina, Editores Siglo XXI, España, 2015.
25. Andrea WULF, La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt, op. cit., p. 266
26. Ibídem, p.361