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El propósito de este artículo es hacer un breve recorrido histórico en el que se expondrán –en líneas generales– los principales hechos y teorías que han conducido a que los seres humanos establezcamos un abismo ontológico1) con respecto a la Naturaleza. Esta breve investigación está inspirada en el análisis que realiza Alicia Puleo en su obra «Ecofeminismo para otro mundo posible», y a quien agradezco enormemente sus contribuciones.

 

Para comenzar resulta de gran ayuda conocer una pequeña parte del pensamiento del primer filósofo de occidente de quien se tienen registros. A saber, Anaximandro (610-546 a.C) –alumno de Tales de Mileto– fue un pensador griego presocrático sobre quien se posee un conocimiento fragmentario. Gracias al único fragmento conservado de su Libro sobre la Naturaleza podemos rescatar varias cuestiones de interés para este tema. La primera, que concibió al mundo como parte de un todo infinito e ilimitado (ápeiron): un universo en donde existen otros mundos2). Además, intuyó que “el mundo debería comportarse por todas partes del mismo modo como se comportan las cosas en su proximidad sensible a la intuición espacial y numérica3). Por último, de acuerdo a los registros fue el primero en establecer una idea del cosmos como algo “geométrico, ordenado y jerarquizado4).

 

Así también, quiero resaltar la noción que tenía Heráclito (500 a.C.) del mundo. Este filósofo presocrático percibe al mundo en estado de reposo y a la vez en movimiento: “todo fluye y nada permanece” y en donde “ese incesante fluir se encuentra… sujeto a la ley del Logos5). Para él, la ley del Logos vendría a ser la esencia del mundo y del alma (algo similar a la conciencia universal). Sin embargo, no todos los filósofos presocráticos se enfocan en el universo y sus leyes. En Italia, el pensamiento de Parménides (500 a.C.) se aleja del ápeiron de Anaximandro y del Logos de Heráclito al centrar la existencia en el ser y su inmutabilidad, es decir, en el ser y en el pensar. Así, “fue el primero en pensar, con plena conciencia de ello, que pensar es ser o que ser es pensar6). De hecho, sus ideas influirían poco más de un siglo más tarde en el pensamiento de Platón.

 

Hasta aquí tenemos que Anaximandro y Heráclito, en línea con otros filósofos presocráticos, tenían una concepción holística del mundo y de un cosmos ilimitado sujeto a leyes (que es donde claramente incluían a la Naturaleza). De ahí que Platón se refiriera a algunos pensadores presocráticos como “partidarios de la unidad7). Sin embargo, para Platón, Parménides “había sido el único presocrático poseedor de la grandeza que se le atribuye en el Teéteto8).

 

Ahora bien, dejemos atrás la filosofía presocrática y avancemos unos cuantos siglos para mostrar dos de los pensamientos propulsores que harían que la separación del alma humana con respecto al cosmos físico alcanzara niveles estratosféricos: la división de los mundos de Platón y al génesis cristiano9). En primer lugar, haré referencia a algunas de las ideas que Platón arroja en Timeo (diálogo que trata sobre la formación del universo y los seres vivos, y el cual es considerado una de sus aportaciones más influyentes). En palabras de José Mª Zamora Calvo:

Platón postula que la realidad comprende dos ámbitos separados: el mundo de las formas inteligibles puras, eternas, inmutables, simples; y el mundo de las cosas perceptibles por los sentidos, temporales, que no cesan de cambiar, complejas. Esta división de la realidad en dos ámbitos corresponde a la distinción entre el ser y el devenir, entre lo que permanece siempre idéntico y lo que no cesa de devenir otro, entre aquello a lo que se otorga el predicado de “real” y aquello a lo que se le niega este predicado»10).

 

De esta manera, Platón, al distinguir el “ser” de lo “generado” (es decir, del mundo sensible11)) realiza una división entre el mundo físico y el mundo de las ideas, cuyos efectos percibimos hasta nuestros días. Por una parte, en una realidad eterna y pura se encontrarían las ideas, la razón y el alma. Por otra parte, en una realidad física sujeta al devenir cíclico encontraríamos lo visible y tangible, es decir, la Naturaleza y los cuerpos físicos. Y es que, para Platón el conocimiento verdadero sería aquél que tuviera como objeto la primera realidad; en cambio, un conocimiento inferior sería el atribuido al mundo de las cosas sensibles12).

 

Es cierto que la filosofía de los mundos separados de Platón se configura para comprender e interpretar la realidad. Sin embargo, esta división no solo supuso una división teórica, sino también material. Y es que, la división de los dos mundos de Platón toma forma política, social y cultural desde muy temprano. Al respecto, sirve de sustento el breve relato de Yayo Herrero sobre la materialización del dualismo platónico en la democracia Ateniense:

“En el momento de mayor apogeo de la democracia en Atenas vivían unos treinta y cuatro mil ciudadanos, que debatían sobre la vida en común, organizaban y decidían qué países invadían, qué se cultivaba o de qué leyes se dotaba a la gente, mientras en el mismo momento había trescientos mil esclavos en Atenas […]. Además de esos treinta y cuatro mil ciudadanos y trescientos mil esclavos, había unas treinta y cuatro mil esposas, que tampoco eran ciudadanas y cuya función era parir hijos de ciudadanos, cuidar al propio ciudadano que desatendía su propio cuerpo, ropa y alimentación. Es decir que en la noción de individuo y de sujeto político el concepto de lo público que se establece al desgajar las relaciones entre la naturaleza y las relaciones entre las personas conforma una noción de individuo que se percibe a sí mismo desvinculado de la naturaleza, de las obligaciones para con los cuerpos de otras personas, y desvinculado de su propio cuerpo”13).

 

Ahora bien, por lo que respecta al génesis judeo-cristiano, es preciso citar algunos de sus versículos que dan forma a un antropocentrismo fuerte (el ser humano como centro del universo):

“26. Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. 27. Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. 28. Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra»14).

 

Como resultado de la gran influencia del génesis en el pensamiento judeo-cristiano, se establece una relación jerárquica ontoteológica en donde el resto del mundo se configura para satisfacer las necesidades del hombre. Dicho de otro modo, “el mundo de la naturaleza existía para que pudiera ser conocido y gozado por el hombre”15). Para algunas teóricas como Lynn White, esto constituye una fuente de antropocentrismo fuerte. Aunque, en palabras de Max Horkheimer, hemos de reconocer que “los pocos mandamientos a favor de los animales con que nos encontramos en la Biblia han sido interpretados por los pensadores religiosos más eminentes”, como Pablo, Santo Tomas de Aquino y Lutero16).

 

En todo caso, puede resultar clarificador seguir las perspectivas de Priscilla Cohn y José Ferrater Mora, quienes basándose en una teoría ética anti-antropocentrista17) proponen adoptar:

“[…] el supuesto de no adoptar el supuesto de que la vida humana, y sólo ella, es sagrada – residuo secularizado de una visión religiosa según la cual la naturaleza es algo así como un escenario armado para que la humanidad represente sobre su tablado su papel de imagen de Dios –. Curiosamente, la insistencia en el carácter sagrado, o “la santidad” de la vida humana, ha sido acompañada de una cierta falta de interés, cuando no de un total menosprecio, hacia vidas no humanas, de modo que lo que debía constituir el fundamento de un supremo respeto ha terminado con frecuencia por convertirse en un instrumento ideológico de expoliación y dominio […]18).

 

Hay quienes afirman que la división de los mundos de Platón influiría en la teología cristiana. De esta idea es el filósofo Julián Marías; para él, “la teología cristiana ha estado influida decisivamente durante siglos por el neoplatonismo, con su desdén u hostilidad por la carne y corporeidad, germen de todas las interpretaciones idealistas de lo humano19). En contraste, existe otro tipo de pensamiento de occidente que “ve al hombre como algo que emerge evolutivamente y sin diferencia radical de la animalidad20); aquí estaría anclada la teología de Santo Tomas (influenciada por Aristóteles).

 

A modo de conclusión, quiero puntualizar que admitir el carácter antropocéntrico del génesis cristiano y las consecuencias que ello ha tenido en las relaciones de los seres humanos y la Naturaleza no significa querer atentar contra las bases de la fe cristiana, sino simplemente ser conscientes de la manera en que nos hemos relacionado con la Naturaleza. Del mismo modo, analizar la influencia de la teoría de los mundos de Platón en el dualismo cultura-naturaleza no significa negar sus grandes contribuciones al conocimiento y a la humanidad.

 

Lo que hay que tener claro es que, como menciona Alicia Puleo, “tanto en la filosofía como en las grandes religiones, se estableció una pirámide jerárquica en la que el ser humano quedaba por encima de todas las demás criaturas naturales”21). Y es que, esa visión antropocéntrica del mundo –que ahora excede los círculos religiosos y que se ha instalado en el pensamiento hegemónico– es la que encontramos en las raíces de la actual crisis medioambiental.

 

 

Notas bibliográficas   [ + ]

1. El autor, en el capítulo “La aparición del hombre” trata dos aspectos interrelacionados a los que les denomina “evidencias”, estas son “la continuidad biológica entre al animal y el hombre, y el abismo ontológico que irreductiblemente los separa. Julián MARÍAS, Antropología metafísica, Madrid, Alianza, 1983, pp.65 y 215.
2. Anaximandro se valía, principalmente, del método de la experiencia y de una visión metafísica que trasciende “toda evidencia intuitiva de los sentidos”. Así los presocráticos combinaban pensamiento y razón con la divinidad. También, resulta llamativo que este filósofo metafísico ya indagaba sobre la interdependencia del ser humano, al intuir que “a diferencia de los animales, el hombre es el único que necesita de una larga crianza y del constante cuidado de sus progenitores”. En Karl JASPERS, Los grandes filósofos: los metafísicos que pensaron desde el origen: Anaximandro, Heráclito, Parménides, Plotino, Anselmo, Spinoza, Lao-tse, Nagarjuna, trad. E. Lucena, Madrid, Tecnos, 1998, pp.21-27.
3. Ibídem. P.22.
4. Xavier PEÑALOSA, “El concepto de ápeiron en Anaximandro: una estética del origen”, Ontology studies 9, (2009): 131-138.
5. Karl JASPERS, Los grandes filósofos: los metafísicos que pensaron desde el origen: Anaximandro, Heráclito, Parménides, Plotino, Anselmo, Spinoza, Lao-tse, Nagarjuna, op.cit., p.31.
6. Ibídem, p.48.
7. Diels KRANZ, “Parménides sobre la Naturaleza”, trad. C. Láscaris, Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, Volumen XVIII, nº 36, (2011): 1-55, p.11. Consultado el 06/04/18 en http://www.inif.ucr.ac.cr/recursos/docs/Revista%20de%20Filosof%C3%ADa%20UCR/Vol.%20XIII/No.%2036/Parménides.%20Sobre%20la%20Naturaleza.pdf
8. El Teéteto es un Diálogo escrito por Platón. En Karl JASPERS, Los grandes filósofos: los metafísicos que pensaron desde el origen: Anaximandro, Heráclito, Parménides, Plotino, Anselmo, Spinoza, Lao-tse, Nagarjuna, op.cit., p.50.
9. En palabras de Mary MIDGLEY “…El alma humana aparecía como un intruso aislado y perdido en el cosmos físico, un extranjero lejos de su hogar. Tal dualismo simple y acusado fue importante para Platón y el primer pensamiento cristiano … El dualismo todavía parece usarse como telón de fondo cuando tratamos ciertos temas, y entre ellos nuestra relación con los animales”. Jorge RIECHMANN, Todos los animales somos hermanos: Ensayos sobre el lugar de los animales en las sociedades industrializadas, Madrid, Catarata, 2005, p.36.
10. El subrayado es mío. En PLATÓN, Timeo (358-356 a.C), trad. J.M. Zamora Calvo, Abada, Madrid, 2010, pp.27 y 28.
11. Ibídem, p.24.
12. Así todo, la razón percibida como algo separado de los cuerpos, fue a lo que se le otorgó un valor por encima de éstos últimos, los cuales adquirían relevancia en tanto albergaban a la razón y el alma. Ibídem, pp.28 y 29.
13. Yayo HERRERO, “Entrevista a Yayo Herrero, ecofeminista española: No concibo un feminismo que se desentienda de la lucha de clases o de la crisis ecosocial, en Voces, 2017, Argentina. Disponible en: http://semanariovoces.com/yayo-herrero-ecofeminista-espanola-no-concibo-feminismo-se-desentienda-la-lucha-clases-la-crisis-ecosocial/
14. El GÉNESIS, Libro del Antiguo Testamento, Disponible en: http://www.bibliacatolica.com.ar/genesis-1.html 
15. Lynn WHITE, The Historical Roots of Our Ecological Crisis”, Science, núm. 55, 1967, pp. 1203-1207.
16. Max HORKHEIMER, Crítica de la razón instrumental, trad. J. Muñoz, Editorial Trotta, Madrid, 2002, p.124.
17. El antropocentrismo en sentido moral, de acuerdo a las éticas filosóficas occidentales, “considera al ser humano como sede y medida de todo valor”. Distinguiendo entre el antropocentrismo fuerte y el débil tenemos que aquél “no concede a las entidades no humanas sino un valor estrictamente instrumental sólo en la medida en que sean medios para realizar fines humanos”; mientras que el débil “reconoce valor a ciertas entidades no humanas, pero sólo en la medida en que compartan ciertas características con los seres humanos. Lo humano permanece como modelo y punto de referencia para valorar lo no humano”. En Jorge RIECHMANN, Todos los animales somos hermanos, op.cit., p.42.
18. Priscilla COHN, y José FERRATER, Ética aplicada: Del aborto a la violencia, Alianza Universidad, Madrid, 1981, p.13. La negrita es mía
19. Julián MARÍAS, Antropología metafísica, op.cit.,, p.67.
20. El filósofo Julián MARÍAS menciona que el pensamiento de Occidente va a oscilar “entre el idealismo que entiende al hombre como res cogitans o yo puro” (esto derivado de la tradición religiosa judeo-cristiana), y por otra parte el biologismo. Ídem
21. Alicia Puleo, Claves Ecofeministas: Para rebeldes que aman a la Tierra y a los animales, Plaza y Valdés, Madrid, 2019, p.71.