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En principio dudaba si recomendar ver un documental con altos contenidos de violencia. Yo misma me negaba a verlo. De un tiempo para acá trato de ver cosas “positivas”. Pero si hablamos de consciencia y nos la tomamos en serio, es importante tomar consciencia de nuestra realidad próxima. Porque recordemos que la consciencia es el conocimiento de una misma, pero también es conocer la realidad que nos rodea.

Ahora mismo, la realidad que nos rodea tiene tintes distópicos y utópicos. Pues bien, los feminicidios –que son la privación de la vida de mujeres por razones de género– se anclan en esa realidad distópica, pero realidad al fin.

Sí, el documental es muy duro, pero que nos sirva no para hundirnos en la melancolía o en la desesperanza, sino para coger fuerza y coraje ante injusticias tan inhumanas, porque una injusticia de tales magnitudes –como la que vivió Marisela Escobedo– es sinónimo de una deshumanización sistémica, ante la cual el único antídoto es la humanización, lo que conlleva mostrar un respeto profundo hacia la vida ajena y volver a conectar con nuestra compasión

Veamos las 5 razones:

ÍNDICE DE CONTENIDO
1. Nos coloca las gafas de color violeta
2. Nos ayuda a entender el fenómeno de los feminicidios en México
3. Para que la lucha de Marisela perviva en nuestra memoria
4. Para humanizarnos
5. Para poner nuestro granito de arena identificando y transformando los estereotipos de género

1. Nos coloca las gafas de color violeta

El documental “Las tres muertas de Marisela Escobedo” y de su hija Ruby Frayre nos coloca las gafas de color violeta. Mediante estas gafas vemos una realidad misógina de dimensiones estructurales, en donde la discriminación y la violencia de género se expresa de muchas formas, siendo el feminicidio la manifestación más extrema de violencia y discriminación en contra de la mujer. Es en este caldo de cultivo en el que surge el desprecio hacia el género femenino y la indiferencia ante tantas muertes de mujeres ocurridas en México y en el mundo por razones de género.

“Ponernos las gafas de color violeta es advertir que la violencia de género también se da dentro de las instituciones públicas”.

Tal indiferencia ––la cual se sustenta en un contexto de desigualdad estructural–– fue la que mostraron los tres jueces que absolvieron al asesino de Ruby Frayre, y quienes en nombre del “debido proceso” y las formalidades esenciales del procedimiento dieron una estocada a la justicia y a la dignidad de los familiares de Rubí Frayre. Si existiera el premio a la resolución más ciega en cuanto a perspectiva de género, más injusta y discriminatoria, ésta, sin duda, estaría entre las finalistas.

2. Nos ayuda a entender el fenómeno de los feminicidios en México

“Todos los feminicidios son homicidios, sin embargo, no todos los homicidios se consideran feminicidios”.

Para que una privación de la vida de una mujer se eleve a categoría de feminicidio, dicha privación tiene que haber sido motivada por razones de género. Esto quiere decir que el sujeto pasivo o victimario tiene que reunir “uno o varios patrones culturales arraigados en ideas misóginas de superioridad del hombre, de discriminación contra la mujer, de desprecio contra ella y su vida”. 1). No olvidemos que el sujeto pasivo también puede ser un grupo criminal. Pero, además, para que se acredite que la privación de la vida fue por razones de género –de acuerdo con la legislación penal– se tiene que actualizar una o varias de las circunstancias que señala el artículo 325 del Código Penal Federal, o en su caso de las estipuladas por las legislaciones estatales.

Tengamos presente que la discriminación y desprecio no va solo en contra de la mujer biológica, sino, en general, en contra del género femenino y de todo lo que este género representa en tanto construcción sociocultural. Ante este panorama el Estado mexicano tiene la obligación de prevenir, atender, sancionar y erradicar cualquier manifestación de violencia contra las mujeres, así como garantizarles una vida libre de violencia. Sin embargo, el caso de Marisela Escobedo, el de Rubí y el de otros miles de feminicidios no hacen más que corroborar que el Estado mexicano ha fallado en sus obligaciones nacionales e internacionales a propósito de esta lacra social. Y es que, no solo ha fallado, sino que es un agente que reproduce la llamada violencia institucional a través de las instituciones públicas y de servidores públicos inexpertos en perspectiva de género.

De acuerdo con la ONU, en México, en promedio 10 mujeres al día son asesinadas. La mayoría de los feminicidios quedan impunes.

3. Para que la lucha de Marisela perviva en nuestra memoria

Marisela pasó de desempeñarse como enfermera a ser la principal investigadora del feminicidio de su hija, como lo han sido muchas otras madres, víctimas colaterales de los asesinatos de sus hijas. Así, empujada por su afán de justicia, Marisela se convirtió en una reconocida activista de derechos humanos. Sin miedo, gritaba a los cuatro vientos los atropellos ocurridos durante el proceso de Rubí, su hija. Y fue más allá al exponer ––en la vía pública y mediante sus marchas pacíficas–– la ineficacia de las autoridades y las fallas del sistema judicial.

Marisela no murió en vano, su lucha quedará en nuestra memoria. 

4. Para humanizarnos

En esta era de las nuevas tecnologías, en donde el entretenimiento alienante está a la orden del día, los seres humanos nos hemos ido desconectado un poco de aquellas características que nos hacen humanos, como la intuición, la empatía, la compasión y la creatividad, entre otras tantas.

Acontecimientos como los feminicidios nos vuelven a conectar con la compasión y la empatía ante el dolor y sufrimiento ajenos. Por supuesto, lo ideal sería vivir en un mundo en donde no exista la violencia, mucho menos las manifestaciones de violencia extrema. Hacia allá tenemos que caminar. La cuestión es que una parte de la sociedad se ha vuelto insensible ante la violencia… Deshumanización se llama. Y, si estos actos de violencia extrema no remueven en los seres humanos ni un ápice de compasión ¿qué lo hará?

5. Para poner nuestro granito de arena identificando y transformando los estereotipos de género

Marisela fue una heroína de su lucha. Su recorrido puede ser inspirador para no quedarnos calladas y para clamar por una justicia que se debe a tantas mujeres víctimas de feminicidios y a sus familias… y, por supuesto, a la sociedad en su conjunto. Porque cuando se toca a una se toca a todo el colectivo femenino.

La solución pasa por transformar los estereotipos de género y los patrones sociales culturales que perpetúan las situaciones de discriminación y violencia hacia las mujeres y niñas. Claro, para transformarlos primero hay que identificarlos. ¿Has detectado alguno de estos estereotipos de género a tu alrededor? ¿Alguna vez te has sentido discriminada o has sido víctima de un acto de violencia? No estás sola, hermana.

Notas bibliográficas

1 ONU Mujeres, Modelo de Protocolo Latinoamericano de Investigación de las Muertes Violentas de Mujeres por Razones de Género (femicidio/feminicidio), Oficina Regional para América Central del Alto Comisionado para América Latina, 2013